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Review de Monkey Island 2: LeChucks Revenge
# Escrito por Paco García | Publicado el 14.8.2001
The Secret of Monkey Island, fue la aventura gráfica que rompió los moldes, siendo jugada por propios y extraños. "Excelente" es la palabra que mejor define al juego y seguramente todos sin excepción (si eres la excepción deberías poner medios para dejar de serlo) habréis pasado divertidos momentos a su costa, por lo que nos ahorraremos la descripción.
Un año después de la publicación de la brillante primera parte, apareció esta segunda, no menos brillante, pero, eso sí, precedida del enorme éxito que su predecesora había tenido dentro del género.
Tanto Lucas Arts como los ilustres hacedores de LeChuck's Revenge hicieron gala de su gran valía desplegando en este juego un importante abanico de medios y esfuerzo. Con esto me refiero a unos escenarios obra y gracia de uno de los mejores gráfistas que ha dado Lucas Arts, Peter Chan, dibujados con impecabilidad; Animaciones de imponente calibre (para la época) con Larry Ahern, entre otros, encargandose de ello, a una música que mejora plenamente respecto al anterior juego, aplicando el revolucionario iMuse en las melodias de Michael Land y Bajakian haciendo maravillas con el MIDI y a un humor blanco pero a prueba de bomba.
Tan solo estos tres aspectos hacen de LeChuck's Revenge una excepcional producción, mas si a esto añadimos la maestría de su diseño y guión, orquestado por Ron Gilbert (al César lo que es del César) encontramos, no solo una secuela de The Secret of Monkey Island, sino con una Aventura Gráfica con mayúsculas, digna de estar en el santurario de todo devoto aventurero. Porque esta secuela es un claro ejemplo de la mejora generacional, ya que (a juicio de muchos, entre los cuales me incluyo) se "merienda" a la primera parte que la da pie.
LeChuck's Revenge nos pone de nuevo en la piel de Guybrush (¿alguien no conoce a Guybrush?) que en esta ocasión se embarcara en la busqueda del Big Whoop, un legendario tesoro que una vez en sus manos le elevará a la tan deseada categoría de héroe además de hacerle inmensamente rico, claro está, si no muere en el intento, algo bastante probable teniendo en cuenta el terror que infringe a los piratas el fabuloso tesoro...
Si ya de por sí la cosa esta muy fea por el embago del matón Largo LaGrande (antiguo pupilo de LeChuck) a la isla en la que se encuentra, la situación se complicará todavía más con la reaparición del hinchado Pirata Fantasma (esta vez más delgadito), resucitado por su fiel Largo gracias al despiste de nuestro protagonista.
De nuevo Guybrush Threepwood se tendrá que ver las caras con su archienemigo, que esta vez se ha olvidado del amor de Elaine para centrarse por completo en consumar su venganza, a fuerza de aguja y muñeco vudú.
La historia de LeChuck's Revenge es atrapante y sublime: por la temática, por la ambientación, por los personajes, por las situaciones, por la resolución de las complicaciones que se nos presentan, por las coñas y por una retaila de etcéteras demasiada larga como para ser comentada. Esta fue la última aventura de Ron Gilbert y quién sabe si su legado, si este fuese el caso no habría podido despedirse mejor del género.
La historia comienza en la isla Scabb, donde nuestro ya conocido Guybrush Threepwood está contando a la luz de una hoguera como derrotó al pirata fantasma LeChuck. Guybrush se ha convertido en un fanfarrón, y percantandose a tiempo de que se repite hasta la absoluta saciedad, decide ponerse en busca del Big Whoop y de una nueva hazaña con la que divertir a sus colegas.
Es ahí donde se inicia la aventura; entrando en Woodtick (que no sé a vosotros pero a mí me suena a festival musical de espíritu anárquico-liberal, algo similar a lo que pretende ser Scabb Island. Quién sabe que otras connotaciones guarda el juego... o cuantas otras extrañas coincidencias nos encotraremos) , se topa con Largo LaGrande, el que un día fue mano derecha de LeChuck (cuando este tenía mano, claro), con el que tendrá algo más que palabras, resultando bastante mal parado del enfrentamiento.
Largo LaGrande está aterrorizando a toda la cooperativa anaquista de piratas de la isla, imponiendo un embargo por el que ningún barco puede salir de la isla e impidendo las actividades delictivas y de pillaje a las que todo buen corsario debe dedicarse. Guybrush, que quiere iniciar la busqueda del mítico Big Whoop, intentará por todos los medios derrotar a LaGrande, para así levantar el embargo salir de Scabb donde los tesoros brillan por su ausencia.
Para derrotar al matón se hará con inapreciable ayuda de la hechicera, vieja conocida de Mêleé ahora instalada en el pantano de Scabb, que nos ayudará a echar a Largo de la isla por medio de un muñeco vudú.
Pero de nuevo el orgullo puede con Guybrush y en plena derrota de Largo decide mofarse mostrandole la barba, vivita y coleando, del Pirata Fantasma LeChuck. Esto es justo lo que LaGrande llevaba tiempo buscando, con el fin de utilizarla para hacer volver a la vida a su admirado capitán, aunque sus planes tampoco salen como tenía previsto pues con quien se encuentra tras el ritual es con el pirata zombie LeChuck (parece estar condenado a no poder ser conocido como simplemente "pirata LeChuck"), un sujeto no muy agradable de tratar, debido en gran parte a la podredumbre que cubre su agusanado y mohoso cuerpo.
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