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Presuntamente desaparecidos (IV)

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Presuntamente desaparecidos (IV)


El reino de la calavera de cristal ya arrasa en las taquillas de todo el mundo. Pero ni la vuelta de Indy a las pantallas ni sus adaptaciones al videojuego han sido cosa fácil. Os relatamos la historia de los Indys irredentos, aquellos de los 90 que nunca llegaron a ser aventuras…

# Por Paco García | 25 de mayo de 2008
Presuntamente desaparecidos (IV)

Indiana Jones y los juegos malditos

A pesar de que LucasArts se desvinculó del género aventurero hace ya bastante tiempo, nunca es mal momento para reconocer el papel que dentro de la historia del videojuego desempeñó la compañía y los méritos que incluso después de décadas pasadas aún prevalecen frescos en la memoria colectiva de todos cuantos nos consideramos aficionados a las aventuras gráficas. Muchos fueron los ahora clásicos que la compañía tuvo en su catálogo tiempo atrás, y muchos son los que a día de hoy forman parte del olimpo aventurero con todo merecimiento de causa. Es inevitable revivirlos con cierta nostalgia en esta época en la que la ruptura definitiva de LucasArts con la aventura gráfica ya es más que un hecho… Pero, ¿y si os dijésemos que a esas tantas obras maestras pudieron habérseles añadido algunas más que se quedaron en el tintero? Es la intención de este artículo apelar a la sufrida perversión masoquista de la que se aquejan muchos jugadores de aventuras, y a continuación os contaremos cómo podían haber sido y qué pasó con los proyectos inéditos que se gestaron en el Rancho Skywalker, centrándonos en este caso en aquellos basados en la franquicia que creasen George Lucas y Steven Spielberg hace ya más de 25 años: Indiana Jones.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Indy ha vuelto. Y su regreso tras casi dos décadas no ha sido un camino de rosas. Algunos de los guiones que iban siendo desechados en LucasFilm acabaron en manos de los diseñadores de LucasArts. Y, como atestigua este artículo, ellos fueron los encargados de tirarlos definitivamente al incinerador de papel. Ahora la pregunta es: ¿qué habrían hecho con el de David Koepp?

Indiana Jones. Seguramente esas dos palabras evoquen en muchos de vosotros las más diversas sensaciones y recuerdos. Indiana Jones se ha convertido en todo un icono popular y mundial, si cabe ahora más que nunca en vista de que la maquinaría de Hollywood ha vuelto a poner en marcha al héroe con el reciente estreno de la que fuera impensable y más tarde esperadísima cuarta entrega de la serie tras lustros desde su «última cruzada». Nadie puede dudar a estas alturas de que aquellos filmes de Spielberg son una de las experiencias cinematográficas que más han marcado a una generación, por otra parte no exenta de cierta predisposición a ser marcada por obra y gracia de cineastas muy inspirados en épocas de prodigalidad creativa.

El peso de los años no ha hecho mella en la recia constitución del afamado arqueólogo (aunque sí en su intérprete, Harrison Ford): la todavía inconclusa franquicia da para hacer correr ríos de tinta en rumorología, y se cuentan por miríadas los fanáticos de la creación de Lucas y Spielberg. Fanáticos que han tomado sus historias como base referencial para redactar guiones cinematográficos, para desarrollar juegos, para escribir libros… entusiastas devoradores de todo cuanto tiene que ver con el Dr. Jones y que han propiciado gracias a su dedicación (y su aporte económico) la creación de toneladas de merchandising: desde muñecos articulados por los que se pagan pequeñas fortunas hasta los siempre más livianos videojuegos. Los acérrimos seguidores de Henry Jones Junior no han tenido mucha suerte en esto ya que, salvo contadas excepciones, los juegos relacionados con Indiana Jones no han llegado a satisfacer las elevadas expectativas del público de la que fuera trilogía. Para honra del género que tanto nos gusta, quizás las adaptaciones videojueguísticas más alabadas han sido las aventuras gráficas. Indiana Jones and the Last Crusade es considerado todo un fetiche y Fate of Atlantis, su llamémosle «secuela», se barajó incluso como hipotético guión para esa cuarta entrega que revienta taquillas y que ha vuelto a poner al sesentón Harrison Ford tras la pista de ancestrales misterios arqueológicos.

Sun Wu-kung

Una de las leyendas tradicionales chinas más ancestrales se mezclaba con el mito de la fuente de la eterna juventud para dar lugar a Indiana Jones and the Garden of Life, una idea que guionizó Chris Columbus en los ochenta y que acabó en las manos de Noah Falstein y Hal Barwood antes de plantearse siquiera Fate of Atlantis.

Cuando veíamos estos juegos en las tiendas nadie podía imaginar que no tendrían continuidad, al menos como aventuras gráficas propiamente dichas. Cayeron rayos y relámpagos cuando los devotos del látigo y el sombrero se dieron cuenta de que habían esperado en balde durante años, pero lo cierto es que desde detrás de las herméticas puertas del Rancho Skywalker se hicieron numerosos intentos para volver a llevar a Indiana Jones a las manos del aventurero.

Indiana Jones and the Garden of Life (Indiana Jones y el jardín de la vida)

No se puede negar que ésta no debe ser una licencia fácil de adaptar, habida cuenta de los resultados que ha tenido a lo largo de su historia: dos éxitos y dos fracasos conocidos. Y es que, como si fuese víctima de alguna ancestral maldición, Indiana Jones ya se las vio canutas para volver a ver la luz, antes incluso de la gestación del archiconocido Fate of Atlantis: tras el éxito arrollador de la versión aventurera de La última Cruzada, en el seno de la entonces llamada LucasFilm Games se empezó a macerar la idea de una nueva entrega. Para ello se quiso tomar inicialmente como base argumental un guión cinematográfico escrito nada menos que por Chris Columbus, un guión desechado destinado originariamente a formar parte de la saga de películas como colofón de la trilogía. En él, se ponía al intrépido aventurero a la zaga del fruto de la eterna juventud del jardín del Rey Mono chino de nombre Sun Wu-kung. Evidentemente, el camino del Dr. Jones no iba a ser un camino de rosas, y compitiendo por él en la búsqueda de tan preciada reliquia se encontraría a todo el fragor del ejército del Tercer Reich. El argumento le llevaría por unos derroteros a cada cual más inverosímil, para acabar con la muerte del propio Indy y su posterior resurrección por parte del dios-mono.

Indiana Jones and the Garden of Life, que así se titulaba, acabó exactamente donde se había encontrado: en una papelera. Al parecer, Hal Barwood y Noah Falstein, que estaban encargados del «nuevo juego de Indy», no vieron en aquello el potencial suficiente como para hacer un juego. El propio Falstein nos comenta así su experiencia: «Hal y yo trabajamos en una idea sobre Indiana Jones basándonos en el guión original de la tercera película, un guión que fue rechazado por George y Steven en favor de La última Cruzada. Estudiamos el guión: era evidente por qué no había llegado a ser una película».

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