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Review de Necronomicón: El Alba de las Tinieblas
# Escrito por Paco García | Publicado el 1.10.2002
Fue en al año 700 tras una estancia en las ruinas de Babilonia y en los subterraneos de Menfis, y después de pasar largas temporadas en el desierto arabigo de Dahna, cuando el poeta Abdul Alhazred, natural de Yemen, islamita hereje y adorador de Yog-Sothoth y Cthulhu, escribió el mas herético y perverso de los tratados sobre paganismo, el Al Alzid, conocido tras su conversion al griego más adelante con el nombre de Necronomicón, el libro de los nombres muertos.
El manuscrito de Alhazed, era continente de todo tipo de conjuros, runas y arquetipos desencadenantes de las más terribles desgracias y de historias sobrecogedoras que hasta al ser más cuerdo serían, cuanto menos, capaces de helar la sangre. La lectura de sus líneas liberaba fuerzas desconocidas muy superiores a cualquiera conocida, tanto en poder como en maldad, y absolutamente incontrolables.
Encuadernado en piel humana y escrito con sangre virgen, el grimorio narra el origen y advenimiento de los "Primigenios" así como todo lo necesario para liberarles. Tal es el peligro que representa el libro para el equilibrio entre el bien y el mal que reyes y papas han puesto medios para facilitar su destrucción. Tres veces fue exterminado de la faz de la tierra y tres veces resurgió misteriosamente de las cenizas.
Quizá ni el autor de tan funesta obra hubiese sido capaz de preveer las repercusiones que en el futuro tendría. Es por eso que si Alhazed, conocido en circulos más familiares con el nombre de Howard P. Lovecraft, hubiese imaginado que esa invención ficticia e inofensiva del códice maldito que ideó en una de sus cartas a sus colegas y amigos, iba a dar lugar decadas despues de su muerte, a cosas tan aberrantes como esta aventura que hoy os comento, quiza se hubiese dedicado a la crónica rosa...
Una turbadora ensoñación parece ser el preludio a lo que se avecina en la hasta aquel momento sencilla y aburrida vida de arqueologo de William H. Stanton, nuestro protagonista.
Una tarde, mientras echa una cabezada en su casita de Nueva Inglaterra, William es despertado violentamente por el ruido de la madera de la puerta principal de su casa al chocar con unos neuróticos nudillos. Antes de que le de tiempo a abrir la puerta, Edgar Witcherly, viejo amigo y colega de la carrera, al que hacía años que no veíamos, irrumpe en la mansión visiblemente demacrado y nervioso. Nuestro amigo, se saca del bolsillo una talla piramidal, rara hasta para sus ojos de arqueologo. Le comenta exaltado que su existencia es sumamente confidencial, que guarda un secreto que trasciende peligrosamente a los limites del razocinio y que se la confía con el fin de que la guarde con celo, pues tal objeto no ha de estar en manos de alguien que conozca la importancia que tiene, ni tan siquiera en las suyas propias, por eso le obliga a prometer que no se lo devolveras especialmente si él mismo te lo pide.
Al poco rato de que nuesto antiguo compañero abandonara nuestra casa presurosamente, hace su aparición el Dr. Robert Egleton, médico de la familia Witcherly, que viene siguiendo la pista del maltrecho Edgar por orden de su padre, pues este sospecha que esta involucrado en algo que puede dañar severamente sus salud mental si no lo está ya. Es por eso que nos pide ayuda para desentrañar el porqué del desequilibrio del joven Witcherly. Será con esta base donde empezaremos unas largas pesquisas que nos llevarán a descubrir enigmas de cuya resolución depende el destino, ya no del mundo sino del Universo.
Está comprobado que Lovecraft ha arraigado fuertemente en Francia. La bibliografía del autor de Los Mitos de Cthutlu, si bien no ha gozado de demasiado buen trato en lo que a ficción cinematográfica se refiere, en lo que respecta al videojuego la obra de Lovecraft es sin duda un valor seguro. Preguntádselo pues a esa Infogrames de la primera mitad de los '90 de la que salieron producciones de inspiración lovecraftiana tan importantes (especialmente para el público aventurero) como la magnífica Shadow of the Comet, Prisoner of Ice o la ahora imitada hasta la saciedad saga Alone in the Dark.
Es que "el universo Lovecraft" da para mucho. Desde para inspirar juegos de cartas roleros con la infinitud de demonios, criaturas y deidades del autor, hasta para dejar guiños en shooters tan antológicos como el Quake. Como digo Lovecraft es todo un valor inquebrantable, y aferrándose a este ovíparo de huevos de oro los señores de Wanadoo Internacionale, con todas sus innumerables filiales, se decidieron a exprimir los relatos del reputado literato americano para crear una historia original que desgraciadamente no hace honor a su nombre.
Y es que para que una aventura ya no solo funcione sino que también guste toda etiqueta esta de más. "Necronomicon: el alba de las tinieblas" no viene a entrar precisamente en el que parecía esperanzador catalogo de "libres adaptaciones literarias" que Wanadoo, Index+, France Telekom y demás zorras con diferente pelaje, estaban dispuestas a ofrecer. Los creadores de Drácula: Resurreccion o Dracula 2: el último Santuario, tropezaron estrepitosamente con esta aventura que ya os adelanto, es cutre, aburrida y puñetera.
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