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Review de Sam and Max Episode 205: What's New, Beelzebub?
# Escrito por Víctor Martínez | Publicado el 20.4.2008
Se acabó lo que se daba. La segunda y magnífica temporada de Sam & Max llega a su fin con un infernal clímax que, si bien no dejará descansar a sus hacedores (pues se sabe que ya se han puesto manos a la obra con una nueva aventura por episodios, Strong Bad’s Cool Game for Attractive People, basada en una popular serie de animación en Flash) sí permitirá relajar, cuanto menos, a un servidor, exhausto ya de reseñar todas las aventuras del perro y el conejo desde su regreso a los monitores en 2006.
Así pues, os dejo con el último análisis del año referente a la pareja de policías creada por Steve Purcell, a la espera de reencontrarlos en una tercera e inevitable temporada que no tendrá lugar hasta enero de 2009. A quienes no tengáis la suficiente paciencia para jugarlos en inglés, o en su defecto dominio de la lengua de Shakespeare, leáis o no esta serie de artículos que se han venido publicado sobre cada episodio, os recomendamos haceros con los packs, el primero de los cuales saldrá a la venta por cortesía de Nobilis el próximo mes de mayo (poco después del estreno de Indiana Jones, evento que debe servir como línea de corte cronológico en los calendarios de este año para hablar de cualquier tema venidero relacionado con el mundo del entretenimiento). El pack con la segunda temporada, esperemos, debería salir de la mano de la nueva filial española de JoWooD a lo largo de este año.
Sin más dilación, vayamos al tema.
Tras destrozar la nave de los mariachis intergalácticos que abdujeron a Bosco en el sublime Chariots of the Dogs, la única posibilidad de fuga para la pareja de alocados policías es atravesar uno de los portales dimensionales con los que ya se toparon en la Isla de Pascua. El único problema es que desconocen hacia dónde les puede llevar ese peligroso paso, si bien la otra opción es quedarse y ser pulverizados dentro del platillo volante. Ni cortos ni perezosos, Sam y su volátil compañero se introdujeron en el pórtico con el cuerpo inerte de Bosco dando lugar a una parodia de cliff-hanger cuyo desenlace descubrimos una vez instalamos éste último capítulo.
Y el portal, como todos sabréis a estas alturas, les lleva derechitos al mismísimo Infierno. Como no podría ser menos, el Infierno en el delirante universo de Steve Purcell no es precisamente una orgía de sangre, fuego y tortura, sino más bien una suerte de empresa dirigida por un Satán más blandengue de lo que aparenta, quien además ha hecho construir una sala entera en honor a los protagonistas del juego, por su buen trabajo a la hora de enviarles clientes al averno.
Por desgracia, para resucitar a Bosco primero deberán llamar la atención del señor de las tinieblas, para lo cual lo único que se les ocurre es hacer tambalear la eficacia del inframundo a base de liberar las almas de algunos conocidos difuntos por culpa —directa o indirectamente— de los detectives, y que ahora se encuentran presos en sus infiernos personales.
Lo primero que sentimos tras finalizar éste que prometía ser el grand finale de la temporada es una sensación de satisfacción general por el buen rato que nos ha hecho pasar tanto el episodio individual, como el conjunto de la temporada en sí, y ya no digamos la serie entera. Es para quitarse el sombrero ante los señores de Telltale por haber demostrado tanto talento y, lo más importante, conocimiento del género en el que se desenvuelven, forzándolo lo justo para matizarlo a su gusto, pero respetando las cosas que funcionan, no necesariamente por tradición, sino por sentido del entretenimiento.
Por desgracia, aunque esta entrega tiene momentos memorables y se las apaña milagrosamente para atar cabos sueltos cuya falta de resolución no habría molestado ni al fan más recalcitrante, hay que reconocer que no alcanza la asombrosa lucidez del capítulo anterior, por muy cerca que esté de conseguirlo.
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