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Review de Full Throttle
# Escrito por Edorta Trinidad | Publicado el 29.8.2005
1995. LucasArts en su máximo esplendor. A sus espaldas juegos de la talla de Indiana Jones and the Fate of Atlantis, la saga Monkey Island y la continuación de Maniac Mansion: Day of the Tentacle. En esta nueva obra, los americanos decidieron cambiar el registro: basta de historias bonitas y de personajes entrañables fácilmente identificables con el público. Tim Schafer, al igual que en el mentado Day of the Tentacle (siendo éste su anterior proyecto, el siguiente sería el mítico Grim Fandango), se puso al mando de esta aventura en la que los moteros sustituyen a los arqueólogos y los terrenos polvorientos sustituyen a los mares del Caribe.
En Full Throttle encarnamos a Ben, un aguerrido motero que es el líder de la banda de los Polecats. Ben recibe una tentadora propuesta por parte del dueño de la Corley Motors, última compañía de motos del país, propuesta que rehúsa. Aún así, Ripburger, vicepresidente de la Corley, le hace una oferta que no puede rechazar.
Ben se despierta en un contenedor intentando comprender el porqué de su situación. Después de interpelar a Quohog, amable barman él, y de pedirle con todas las buenas maneras las llaves, nuestro protagonista descubre que su banda está a punto de verse involucrada en una emboscada. Cogemos la moto y nos dirigimos por esas carreteras infernales con una sola palabra en la mente: venganza. Por desgracia será otro nombre el que se lleve como recuerdo de su aventura: Maureen. Pero Ben no está para ligoteos…
Full Throttle apareció en medio de la vorágine de las aventuras. LucasArts y Sierra mandaban y sacaban juegos de gran calado cada dos por tres. Quizás por eso a Full Throttle no se le ve tan grande al lado de las demás. Y es que las comparaciones son odiosas.
El juego en cuestión usa una resolución VGA, 320x200 píxeles a 256 colores. Se puede pensar que es algo paupérrimo, sobre todo si se compara con los actuales, pero gana mucho ya que el interfaz no es el consabido SCUMM sino que se establece uno nuevo basado en una especie de aro de fuego con calavera, mano y bota (predecesor de la moneda de The Curse of Monkey Island) que nos sirve para todo. Es decir, se acabaron los comandos usar, empujar y demás que tapaban parte de la pantalla, consiguiendo de ese modo una mayor fluidez en las acciones, para dotar de dinamismo a un juego que lo pedía a gritos desde el principio.
Los diferentes escenarios están bien detallados, recreando con acierto esos terrenos de la América profunda, perdidos por tierra de nadie. No en vano el diseñador jefe de fondos era Peter Chan, quien ya hizo un gran trabajo en la secuela de Maniac Mansion. Las distintas animaciones fueron llevadas a cabo por un grupo dirigido por Larry Ahern y también hay espacio para los modeladores, esos tan de moda, si se me permite el juego de palabras, hoy en día, pues los distintos vehículos están hechos en 3D pre-renderizado, técnica que también se aplicaría para el siguiente proyecto de la compañía californiana: The Dig. Sin embargo, estamos ante un juego 2D en toda regla, y quizá uno de los mejores en cuestiones de calidad visual.
El gran acierto del juego es el sonido. Los efectos recrean el típico ambiente desértico de estos parajes. Las voces fueron dobladas por viejos conocidos en el mundo de los videojuegos, y del cine, como Mark Hammill (que dobla también a Mosley en Gabriel Knight: Sins of the Fathers) en el papel de Ripburger. Roy Conrad, fallecido varios años después, ponía el tono perfecto para la voz grave y casi gutural del protagonista de la historia. El juego está traducido, pero lamentablemente, o afortunadamente según para quién, no está doblado. Quizás mejor así que con un doblaje soso y sin ganas de los que, por desgracia, tenemos bastantes ejemplos.
Pero en realidad, si esta parte destaca es por la banda sonora. Las distintas sintonías, cortesía de Clint Bajakian, recrean el típico y peculiar ambiente desértico de estos parajes. Por si esto fuera poco, la banda de hard rock The Gone Jackals compuso varias canciones para el juego; sin letras todas, excepto el tema Legacy (que suena durante la introducción del juego), destacan las instrumentaciones de cosas como Let'er Rip o la música que ambienta el taller del tipo que hace esculturas. Gran elección la de estos muchachos.
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