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Review de Blade Runner
# Escrito por Paco García | Publicado el 17.9.2003
Nadie puede que negar que Philip K. Dick fue y todavía es uno de los escritores punteros en lo que se refiere a la ciencia ficción. Prolífico como pocos, su muy extensa obra ha inspirado un buen número de adaptaciones cinematográficas, desde Desafío total a Minority Report, pasando por las desconocidas y nada desdeñables Infiltrado o Asesinos cibernéticos. Y decimos inspirado porque la prosa de Dick no se limita al mero futurismo de naves estelares y rayos láser, sino que abarca una amplia amalgama de conflictos éticos y materiales, a los que que como buen visionario supo anticiparse.
Buena prueba de ello fue su novela de 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en la que se basó años más tarde la película del realizador Ridley Scott Blade Runner, todo un hito cinematográfico considerado por muchos ópera magna del director y del género, y en la que se basa el juego que nos ocupa.
Noviembre, 2019. La Tierra se ha convertido en un planeta inhóspito, oscuro y desagradable. Las guerras han diezmado la naturaleza y la sobreexplotación de los recursos hace que los yacimientos petrolíferos compartan espacio con los rascacielos que fueron testigos de tiempos pasados mucho mejores. El hombre es uno de los pocos animales que aún subsisten en la Tierra y cada vez son menos los que se decantan por quedarse, ya que las maravillas de las colonias del «mundo exterior» aventajan claramente al corrupto y viejo mundo que vio nacer a la humanidad.
En una de las grises ciudades que aún quedan en pie, Los Ángeles, un comerciante se hace rico a costa de vender animales auténticos a todo aquél que puede permitírselo. Runciter, a ojos de la sociedad, es un prestigioso y honesto vendedor. Pero cuando no está frente a su acaudalado público deja ver su repugnante faceta pederasta que acosa incesantemente a la pobre Lucy, su asistente.
Tener una criatura «viva» es un lujo al que muy pocos pueden acceder. La gran mayoría de los animales que por ahí se ven son simples réplicas, bien biomecánicas, bien genéticas. Ahora una auténtica industria se desenvuelve alrededor de estas técnicas, un emporio encabezado por la Tyrell Corporation que maneja diariamente no sólo millones de chinyens sino también millones de vidas. No sólo se «fabrican» mascotas, también hombres, mujeres y niños: los llamados Replicantes, seres que superan con creces en fuerza y agilidad a cualquier ser humano y que al menos son tan inteligentes como los genios que los crearon, pero en un principio incapaces de sentir.
Una noche, Runciter recibe la visita de dos misteriosos personajes que parecen tener algo que ver con la jovencita que trabaja para él. El viejo vendedor se horroriza al comprobar que no es son dinero ni sus animales lo que quieren, sino más bien hacerle padecer el mayor sufrimiento posible. Es por eso que atacan donde más le duele, sus intereses materiales, masacrando a todo su preciado zoológico.
Utilizados para los más diferentes propósitos, tratados como esclavos en el mundo exterior, fueron vetados en la Tierra a raíz de una sangrienta rebelión protagonizada por un batallón de la más nueva y avanzada cepa, los Nexus 6. Todo Replicante fue proscrito en la Tierra bajo pena de muerte por una brigada especial de la policía a la que llaman Blade Runner.
El agente especial de esta división del departamento de policía de Los Ángeles Ray McCoy es llamado mientras hacía su patrulla esa misma noche para que investigue el caso, pues se cree que los atacantes de la tienda de Runciter son unos Replicantes de la sexta y virulenta camada Nexus. McCoy, reacio a creer que ello tenga algo que ver con los Blade Runner, accede a hacerse cargo del caso, ya que si por algún casual se equivoca y le toca desenfundar el arma, la prima será suculenta. A él le pagan por disparar contra Replicantes. A esto no se le llama asesinato. Se le llama retiro.
Partiendo de la base de que Blade Runner es una obra maestra cinematográfica indiscutible y la expectación que levanta tal tipo de cosas es cuanto menos enorme, podemos empezar a calificar el juego. Porque es que, al igual que es difícil adaptar una gran novela a la gran pantalla o hacer un buen remake de una gran película, no ocurre nada que diferencie especialmente estas situaciones de adaptar un buen filme al medio del entretenimiento interactivo. Por suerte, la idea de hacer una buena conversión ha mutado muy mucho de unos años a esta parte: antes bastaba con hacer un juego de plataformas genérico o un arcade del montón con el nombre de una película taquillera para que el juego se vendiese (que mejor ejemplo que el juego de Commodore 64 de Blade Runner). Ahora, bien porque el público se hace más exigente, bien porque las desarrolladoras se exigen más, con una buena licencia se pretende (que no siempre se consigue, y un gran porcentaje de las veces queda la cosa como antaño) hacer un buen juego, o al menos esa parece que fue la tónica imperante en Westwood a la hora de poner la carne en el asador allá por el 95, cuando se empezó a fraguar la idea de Blade Runner. Desde luego, hay que reconocer que medios no escatimaron para poder poner en marcha la que ahora es aventura memorable, que no por ello incriticable.
Hay que aclarar antes de continuar que Blade Runner ni adapta el guión de Hampton Fancher ni la novela de Dick: si bien toma elementos prestados de ambos, muy especialmente del primero, no se puede decir que esté basado en ninguno de los dos. Tan sólo recoge los rudimentos más elementales del planteamiento para, a partir de ahí, crear su propia trama, que discurre paralelamente a lo ocurrido en la novela y en su versión cinematográfica. Así pues, nos encontramos con otro Blade Runner, que se diferencia bastante del Deckard de la película de Ridley Scott, siendo éste nuestro protagonista un personaje menos atormentado, menos introvertido, menos culpable, menos experimentado, menos autodestructivo y en definitiva menos noir que el personaje que interpretaba Harrison Ford. No es algo especialmente achacable teniendo en cuenta que al videojuego en general y a este género de las aventuras en particular todavía no le ha dado por meterse por los peñascosos caminos de las emociones y la expresividad, pero desde luego quizás se podía haber dado un enfoque que imbuyese más todavía al jugador en la atmósfera del género negro, por otro lado tan bien lograda.
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