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Review de Fausto: los siete misterios del alma
# Escrito por Paco García | Publicado el 23.1.2003
El tiempo pasa y junto a él avanzan los soportes para contar una historia. Hace siglos era el boca a boca lo que primaba; con la aparición de la imprenta se propició la difusión de las publicaciones escritas; más tarde apareció la radio y años después la máquina de los Lumière. Pocos son los que le reconocen al videojuego el puesto que se merece en esta evolución, pero es inevitable darle cuanto menos un papel destacable en esta historia.
La gente de Arxel Tribe tiene muy claro todo esto, y bajo una espléndida envoltura ha pretendido entregar en esta peculiar aventura suya una historia no menos maravillosa, que guarda una complejidad y una profundidad insólitas tanto en el género de la aventura gráfica como en el software de entrenamiento en general.
Marcelus Fausto aparece confuso y amnésico frente a la entrada de un parque de atracciones, con la sola compañía de un extraño personaje que se hace llamar Mefistófeles. Según le cuenta Mefisto, Marcelus ha sido elegido para arbitrar una disputa entre el Altísimo y él: tendrá que juzgar si siete de las criaturas que habitan el parque de atracciones Fantasilandia son o no merecedores de la redención eterna. Poco que ver con el mito de Goethe…
Cada uno de los personajes guarda sus defectos y sus virtudes pero todos han cometido el error de pactar con Mefistófeles la cesión de su alma a cambio de ciertos favores. Desentrañar los misterios de cada personaje para averiguar qué les ha llevado a pactar con el demonio es la misión de Fausto, cuya memoria se irá desempañando conforme avance una trama en un principio ajena a él, pero de la que como era de esperar termina siendo elemento fundamental.
«Atípica» es una palabra que define a la perfección esta aventura. Partimos de un principio difuso y extraño, pero podríamos decir que tiene una extraña cualidad hipnótica que nos obliga a seguir jugando. Quizá el causante de ese hipnotismo sea el personaje de Mefistófeles, todo un maestro de ceremonias a lo Vincent Price, compañero y a la vez antagonista que nos guiará en nuestro periplo pero que a la vez se encargará de ponernos obstáculos. Es, sin duda, el papel más importante de la aventura: le quita protagonismo incluso al propio Fausto.
La lograda relación que se ha conseguido entre el resto del elenco de personajes también es algo digno de admiración. Fausto es una aventura «de personajes»: los protagonistas del juego están trazados de una manera tan exquisitamente detallista que se alejan de la habitual bidimensionalidad. La historia gira en torno a ellos, a sus exageradas ambiciones y penurias, lo que hace que adopten un relieve más humano que se sale del cliché de «secundarios con frase» para hacernos partícipes de sus no pocas preocupaciones. Se crean entre ellos situaciones que no por truculentas y sórdidas dejan de ser increíblemente atractivas, gracias a lo inusual que resulta ver este tipo de cosas en el género. Nuestra condición de árbitro nos impedirá relacionarnos con ellos, pero ellos sí se relacionan entre sí dando pie a numerosas situaciones y tocando temas de un calado moral que pretenden poner en jaque al propio jugador, que puede llegar incluso a cuestionarse sus propias reacciones de estar en el lugar de esas, como decimos, tan humanas criaturas de feria.
Quizá sea ese el mayor defecto del juego, la complejidad, puesto que lo atípico de Fausto no se queda solamente en la historia: los enigmas que se nos presentan no pueden considerarse de lo más normal, lo que tampoco quiere decir que sean ilógicos. Todos los puzzles guardan una lógica que generalmente se esconde tras unas pistas que se nos muestran a través de pequeños vídeos, cuando observamos un objeto o accedemos a determinado lugar. Unas pistas que, al contrario de lo que suele ocurrir, han de ser interpretadas: no se nos mostrará claramente qué tenemos que hacer o qué tipo de cosas tenemos que usar para resolver determinado puzzle, sino que por medio de estas pistas se nos irá revelando la historia de cada personaje en pequeños flashbacks que, unidos a ciertos detalles conocidos del final, nos ayudarán a hallar el cómo y el porqué, que es lo importante. Lo que no impide que Fausto no cuente con suculentas sorpresas.
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