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Review de Ace Attorney: Apollo Justice
# Escrito por Gaspar Ruiz | Publicado el 1.6.2008
Muy bien debieron funcionar a nivel de ventas los Phoenix Wright para que Capcom y Nintendo, empresas habitualmente discretas, se lanzaran a prolongar la saga más allá de sus tres títulos embrionarios. Tan bien que, convencidos del éxito de una continuación de la serie sin su protagonista, decidieron trazar una senda exclusiva en DS con tímidos cambios respecto a lo que funcionaba (y rentaba); ese nuevo título, que hacía suya la máxima del Príncipe de Salina según la cual para que las cosas cambien deben de permanecer como están, se bautizó como Apollo Justice.
Comercializado en España antes de Trials and Tribulations, considerado por muchos el mejor de los capítulos de la saga Phoenix Wright, con el evidente ánimo de tantear el mercado (demostrando, con ello, lo arriesgado de prescindir del simpático abogado del pelo pincho), Apollo Justice sienta perfectamente las bases para asegurar futuras entregas. Exactamente todas las que quieran. Y permitan las ventas, naturalmente.
Apollo Justice es un inexperto abogado del bufete Gavin & Co. a quien un día se le presenta la ocasión de su vida: defender al famosísimo Phoenix Wright, su ídolo, en un juicio por asesinato. Todos los indicios parecen estar en contra de quien una vez fue el mejor letrado de la región; por si éstos no fuesen suficientes, la fiscalía ha encontrado, además, a una testigo ocular que afirma haber presenciado el crimen. No cabe duda: Phoenix Wright, ex abogado y pianista mediocre en un restaurante ruso, ha matado, por cuestiones de orgullo y de juego, a Shadi Smith, viajero y contrincante en una partida de cartas clandestina. Todo está listo para emitir un veredicto de culpabilidad cuando, casi sin quererlo, Apollo logra desmontar el principal argumento de la acusación, imponiendo una tesis tan inverosímil como inquietante.
Ese juicio supondrá un giro radical a su vida. Nuevas revelaciones, algunas sobre su pasado, le acompañarán en su consagración definitiva. Todas ellas relacionadas con un sórdido acontecimiento ocurrido hace siete años. Y con el Diablo…
Si englobásemos Apollo Justice dentro de la saga Phoenix Wright no nos quedaría más remedio que reconocerlo como su episodio más flojo. Razones no faltan para sostener esta sentencia.
Para empezar, tiene, de lejos, a los personajes menos carismáticos de los cuatro juegos. Apollo podría ser una sosa extensión de Phoenix Wright, con quien comparte personalidades y hasta líneas de diálogos (especialmente cuando presenta pruebas que son rechazadas por erróneas); Trucy, su compañera, es Maya Fei con chistera; la inspectora Ema Skye (ya conocida por los aficionados) no tiene, ni por asomo, la chispa ni la ternura de Dick Gumshoe (ni los abogados se comportan con ella de manera tan despiadada como con el desastroso policía de chaqueta raída y mejillas sin afeitar), y Klavier Gavin, el fiscal, es una enfermiza copia de Miles Edgeworth hasta en sus mínimos gestos, embutida en el insoportable traje de estrella juvenil del pop (rara variante musical de enorme éxito en Japón).
En verdad, poquita originalidad puede apreciarse a lo largo y ancho del mini cartucho. Los casos tienen un regusto a añejo; la estructura de presentación-investigación-juicio acaba cansando por la escasa satisfacción que aportan las supuestas novedades autóctonas de DS, consistentes, en su mayoría en procesar y comparar huellas dactilares y en escanear documentos (acciones planteadas de una manera poco dinámica) y las bromas ya no surten los efectos pretendidos (peor que eso: en vez de aligerar los procesos, los hacen pesados). Ni siquiera el brazalete —plagio en clave descafeinada del Magatama de Maya— con el que Apollo percibe tics nerviosos o la reconstrucción de los casos en 3D, pueden tomarse por rupturistas innovaciones.
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