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El chachachá del tren

Título: The Last Express (1997)

Desarrolladora: Brøderbund Software

Distribuidora: Electronic Arts

Lanzamiento: 13 de agosto de 1997

Especificaciones (mínimo recomendado):

# Publicado el por Juan Al. Rodríguez Reyes 3

Introducción

En 1993 Jordan Mechner, creador de la saga Prince of Persia, funda Smoking Car Productions, para llevar a cabo un proyecto de los jóvenes estudiantes Mark Moran y Noel Marrero. Junto con Broderbund Software se adentran en un proyecto ambicioso, dando como resultado en 1997 esta aventura de perspectiva subjetiva y de original desarrollo.

Argumento

Estación de trenes de Paris, 24 de Julio de 1914, el Orient Express esta pronto a partir, una persona se asoma desde uno de los accesos al tren justo en el instante en que suena el silbido de salida del expreso; mira a los alrededores, parece esperar a alguien con demasiada preocupación. El Orient Express parte.

Sobre una moto, dos personas se acercan peligrosamente al tren en marcha, la que va de equipaje salta al expreso, y despidiéndose de su acompañante entra en el interior. Nada más acceder, pregunta por el camarote del señor Tyler Whitney, (la persona que le esperaba en la estación), confundiéndole por este, el revisor le da el número del mismo. Cath (Así se llama el protagonista de esta historia) entra al camarote de su colega, encontrándole tendido en un charco de sangre, sin vida. Con sangre fría se deshace del cadáver de su amigo, y cambiándose de chaqueta, pasa de ser Robert Cath para convertirse en Tyler Whitney. Entrando así, en un juego de conspiraciones y tramas entrelazadas para averiguar quién de los pasajeros del Orient Express ha cometido el homicidio.

Con esta introducción tan directa e inmersiva, The Last Express nos deleita con un singular viaje en tren por la Europa de antes de la 1º Guerra Mundial, repleto de personajes también singulares, desde un anarquista con sed de venganza, pasando por una respetada concertista de violín y terminando, entre otros, en un noble africano, que se hace llamar “su excelencia”. Cada cual con sus propios intereses.

Comentario

La aventura está concebida en primera persona, pero totalmente alejada de ese subgénero en que el protagonista vaga por parajes inmensos y solitarios, apretando palancas y demás cachivaches extraños para poder avanzar la historia (es decir, á la Myst). The Last Express es más bien todo lo contrario; toda, absolutamente toda la aventura se narra en el expreso, dentro, entre y sobre los vagones. Otra clara diferencia con las aventuras subjetivas tradicionales (por decir algo) es el hecho de que nuestro personaje hable y se vea inmerso en mitad de las conversaciones. Algo que muchos agradecerán.

Los controles son bien sencillos, con un clic izquierdo podemos hacer las diferentes acciones que nos indicará el cursor, ya que este cambia de forma según donde lo pongamos. El uso del inventario es prácticamente nulo, ya que el juego se desarrolla básicamente con las conversaciones. El botón derecho del ratón sólo se ha destinado a pasar las cinemáticas, también funcional por las repetidas animaciones que veremos una y otra vez a lo largo del juego, como salir por la ventana de nuestro camarote, que puede llegar a ser muy repetitivo.

A pesar de que el juego no te deja hablar con quien quieras en cualquier momento, sino que lo decide según tus avances, prácticamente se juega mediante las conversaciones que mantengamos con los diferentes pasajeros del tren. También podremos espiarles o resolver algún que otro difícil puzzle. Sí sí, porque los pocos puzzles que tiene son de resoluciones complicadas (o poco intuitivas), haciendo desesperar al jugador más paciente, al matarle por no hacerlo a tiempo, o peor aún, llevándole a un punto muerto del juego. Pero no os asustéis, The Last Express tiene un as bajo la manga al llegar a una de estas situaciones.

En el juego también encontraremos algunas peleas que otras, perfectamente integradas en la historia y muy cinematográficas. Los combates son mediante clics de ratón, tipo reacción rápida, muy funcional y bien llevado acabo.

Al igual que ocurría en Full Throttle, no disponemos de una barra de energía o numeración que nos indique cuantos golpes nos (y les) queda para caer abatido, así que hay que andarse con ojo y procurar no recibir demasiado. Por suerte, si no es así, al morir el juego reinicia al punto justo de comenzar el combate.

Técnicamente hay que decir que hace tiempo que el pre-render alcanzó cotas de hiper-realismo, así que el juego en ese sentido goza de unas recreaciones de los interiores del tren fieles y de gran belleza, con otras más al estilo cómic pero menos abundantes.

Los personajes son otro cantar, creados a partir de actores digitalizados y coloreados posteriormente como dibujos animados, es según la humilde opinión del que suscribe, un pequeño punto en contra, ya que a pesar de mantener los rasgos y expresiones faciales, el coloreado estilo cómic desentona con los escenarios más bien realistas, pero es más cuestión de gustos. En las animaciones reside un talón de Aquiles, ya que el juego carece prácticamente de ellas.

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