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La ecuación Dante

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La ecuación Dante


Tras ser relegada al vago recuerdo de algunos en el mundillo del videojuego, Jane Jensen lleva ejercitando su pluma con varias novelas. Tras la estela de El código DaVinci llega a España la última de ellas, muy anterior al paupérrimo «best-seller» de Dan Brown

# Por José María Meléndez | 30 de abril de 2005
La ecuación Dante

NOTA: Antes de comenzar, recomendamos la lectura de esta «review» únicamente a todos aquellos que, o bien se hayan leído el libro o bien no tengan la intención de leerlo, ya que frase sí y frase también se hace un destripe total de la novela de Jane Jensen.

A los que sí tengan pensado leerlo, les aconsejamos dar marcha atrás en el navegador en este preciso instante, instándoles a volver una vez hayan acabado la lectura.

El código DaVinci

Aunque El código DaVinci ha conseguido hacerse más odioso de lo que suele ser la «literatura de aeropuerto&aquo; a causa de la polemización mediática de su contenido hemos de reconocerle una cosa: su tirón ha sido el que ha traído La ecuación Dante a España con una edición digna, aunque realmente ambas novelas tengan poco que ver.

Uno de los fenómenos literarios que más ha sacudido el mundo editorial en los últimos años ha sido la publicación de El Código DaVinci, un pulp cercano a las miniseries italianas de conspiraciones oscuras y castillos europeos de cartón piedra, promocionado indirectamente nada más y nada menos que por el mismísimo Vaticano (ya se sabe, todo aquello que molesta a la Iglesia recibe una campaña de márketing con resultado opuesto al intencionado).

A raíz del éxito de esta novela de Dan Brown, editoriales avispadas sacaron de su fondo de catálogo todo aquel escrito que contuviese en mayor o menor medida monjes siniestros, conspiraciones religiosas, códigos secretos y cualquier temática relacionada con la novela de moda. Esto abarcaba desde noveluchas de usar y tirar, hasta cosas más bizarras como estudios paranormales del estilo de la revista Año Cero, presentándolas como sucedáneos de El código DaVinci, con nueva portada y con varias frases publicitarias para que el lector casual de aeropuerto mordiese el anzuelo (y de hecho, lo muerde).

Y entre toda esta maraña de clones previos o subsiguientes a la obra de Dan Brown, la editorial Factoría de Ideas nos ha colado nada más y nada menos que la segunda novela (dejando a un lado los guiones novelizados de sus Gabriel Knight) de la reina de la aventura, Jane Jensen: La Ecuación Dante. Y por lo que vemos, pues el libro que tenemos entre nuestras manos es la décima edición, la apuesta se ha resuelto con éxito.

Jane Jensen

Poco se sabe de a lo que dedica Jane Jensen ahora su tiempo. Quizá esté preparando otro libro o quizá esté esperando que alguien la llame para recuperar su último gran proyecto mientras saca brillo a la mención especial del Premio Philip K. Dick que ganó La ecuación Dante

Ante todo esto, y haciendo caso a la publicidad y a la cubierta del libro, cualquiera podría pensar que, aunque desde sus inicios como narradora siempre haya tratado esta temática (thriller cargado de documentación histórica), acaso la señora Jensen se haya subido con descaro al carro del «fenómeno DaVinci» para ganarse unos cuantos dólares y asentarse así en su nueva faceta como escritora de «best-sellers de aeropuerto» (faceta, por cierto, más agradecida que la de diseñador de juegos). Pero nada más lejos de la realidad, ya que Dante's Equation (en su título original) es un libro de auténtica ciencia-ficción que por casualidades de la vida (y del mercado editorial, cada vez más cercano a, con perdón, una «casa de putas») se nos ha vendido como una copia descarada del éxito de Dan Brown.

La historia comienza a là Short Cuts, con pequeños flashes sobre escenas entre varios personajes. Por un lado tenemos a Aharon Handalman, un rabino de Jerusalén que encuentra en el código de la Torá una serie de referencias a un tal Yosek Kobinski, también rabino, desaparecido (que no muerto) en Auschwitz durante el Holocausto; por otro lado seguiremos los progresos de Jill Talcott, una rata de biblioteca obsesionada con modular una onda espacio-temporal, experimento que de salir exitoso podría suponer excelentes avances para la humanidad. En sus investigaciones recibe la ayuda de Nate Andros, su becario; también conoceremos a Denton Wyle, un apuesto, guapo y pijo periodista que trabaja en un panfleto sensacionalista centrado en lo paranormal y que vive obsesionado con los escritos de Yosef Kobinski; se añade a la trama un quinto personaje de peso en la historia: Calder Farris, agente gubernamental, fascista y desquiciado, descrito más como un Terminator que como una persona de carne y hueso.

Las investigaciones, las idas y venidas de los cinco personajes, ocupan la mitad del libro, y tal vez esta parte aparente todo lo que el fiel seguidor de nuestra diseñadora favorita espera de ella: un thriller de background histórico (esta vez reciente) con unos personajes bien definidos, pero desgraciadamente no al nivel de, por ejemplo, Gabriel Knight 2: The Beast Within, tal vez —y sólo tal vez—, la aventura gráfica con la personalidad más realista jamás vista en unos personajes de videojuego. Es ésta la parte que cualquier lector despistado y ocasional verá como la más parecida en esencia a la novela de Dan Brown, aunque en opinión de este modesto redactor, tiene bastantes más similitudes con Los niños del Brasil de Ira Levin, en especial los pasajes de Denton Wyle y Aharon Handalman.

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