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Yo acuso
Con un carácter más pretendidamente amigable pero con sesgo muy similar podríamos destacar el artículo La época dorada de las aventuras gráficas en el que, dándolas de cal y de arena, el redactor de Vidaextra se intenta marcar un repaso personal y melancólico y consigue demostrarnos que para él aventura gráfica es LucasArts y para de contar. Y, además, es la prueba manifiesta de lo mucho y mal que calaron las manipulaciones de los medios de papel de aquella época en la que se empezó a desahuciar al género: «las aventuras gráficas, un género puramente bidimensional, no supieron dar el salto a las tres dimensiones de forma eficiente». ¿No os resulta familiar esta frase? El recuerdo de la persecución de antaño flota todavía sobre las cabezas de quienes se tragaron con piel las proclamas que arrojaban a la aventura fuera de todas las carreras de popularidad.
Pero es muy fácil encontrar artículos de esta catadura por los latifundios virtuales. Aquí o aquí, por ejemplo, veréis cómo el empeño en estrangular al género no ha cejado. Gamespy publicó un artículo en el que ponía la aventura gráfica en un ranking de géneros en vías de extinción, por encima de los juegos con pistolas de luz, los juegos tipo comecocos o la realidad virtual… Algunos quieren posicionar al género dentro de la corriente consolera actual, como en otro tiempo los hubo que quisieron colarnos una unión contranatura con otros géneros que nunca terminó de cuajar. Y otros, como es el caso de la ignominiosa y tendenciosa Just Adventure +, cuya persistencia en el sector no palia el hecho de que sea una de las webs sobre él más mercantilistas, no se avergüenzan de hacer suyas unas arengas de abandono contra las que debería luchar.

Ya no somos niños, y hace tiempo que dejamos de creer en cuentos de hadas. Quizá fuese fácil engañar a un tierno infante como los de la foto, pero los tiempos deben cambiar. Sin argumentos no hay razón, y jamás tuvieron ni una cosa ni la otra. Ya es hora de quitarse la venda y pedir cuentas.
Si la aventura gráfica está muerta, enferma o agonizante es gracias a aquellos que la emparedan para que se pudra. Ya se sabe, no hay peor desprecio que no hacer aprecio. En tiempos, el género desapareció del mapa y toda la novedad referente era obviada. No es que no hubiese aventuras, es que nadie se molestaba por las que salían a la venta. Ahora que han pasado esos años, todo lo que se vendió por aquella época es obviado por quienes deberían informar fidedignamente al usuario, y la realidad del género se ha visto distorsionada por el analfabetismo. Las mayorías no pueden hacerse una idea general de lo que ha sido y es la aventura gráfica, de por qué está donde está, ya que han crecido leyendo invariablemente teorías apocalípticas. El oscurantismo que sedujo a unos pocos hace doce años sigue vigente de una manera quizá más feroz, pues se ha tomado como realidad inapelable una ficción fantástica.
La «muerte de la aventura» fue sólo un entierro prematuro que habría causado sudores fríos en el mismísimo Edgar Allan Poe. La aventura no murió, a la aventura se le lanzaron dardos emponzoñados hasta que finalmente consiguieron abatirla esos «medios de comunicación» que son, hoy por hoy, la lacra del mundo del videojuego en todas sus vertientes. Los orientadores que desorientan, los flautistas de Hamelín que llevan a las masas a beber de fuentes contaminadas por su propia deslealtad al público, los que subastan su honradez al mejor postor, al que ofrezca el contrato publicitario más suculento. Aquellos que borreguizan, que destruyen la voluntad y el sentido crítico de los profanos maleables. Los que mesmerizan con banalidades a los potenciales compradores de títulos millonarios para que sus ineptos productores puedan cerrar el año con beneficios. Vendedores de humo, sinvergüenzas y desaprensivos. A esa clase de prensa es a la que hay que enterrar. Ellos son los caducos. Por tanto:
Yo acuso: A las revistas del sector tales como PCLife o Micromanía, responsables de difundir afirmaciones basadas en infundios. De traicionar a su público, de tergiversar con bajeza la realidad y de prevaricación como críticos.
Yo acuso: A webs como GameSpy, Meristation, Vidaextra o Vandal, que debido a su poca maña no supieron (o no quisieron) hacer frente con racionalidad a los embustes, calumnias y enredos que sus antecesores generacionales propagaron, sirviendo de vehículo para que estos cobrasen aún más notoriedad. De faltar al respeto a un género y a una afición, atizando antipatías y teorías sin base.
Yo acuso: Al espectro de la comunidad blogger que con la careta de libertarios han condenado a la aventura gráfica inconsecuentemente, siendo igualmente cómplices de la puñalada alevosa al género y a sus seguidores, siendo no menos culpables de lo que son los dos colectivos anteriores de fomentar teorías fraudulentas.
Pero tampoco vamos a negar la evidencia. En efecto, el género ha perdido fuelle, no vende lo que vendía hace unos años y, aunque estas acusaciones eran necesarias, matar al mensajero no solventará la carencia de ideas de la fecha. Eso es responsabilidad de las desarrolladoras, de las editoras y de las distribuidoras. Ellas también son culpables…
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