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Presuntamente desaparecidos (II)

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Presuntamente desaparecidos (II)


El segundo capítulo de nuestra serie de artículos sobre juegos cancelados se centra en la verdadera historia de Full Throttle 2, en sus distintas versiones, respaldada por el relato del primer Director de Arte del proyecto: Bill Tiller

# Por Paco García | 2 de marzo de 2008
Presuntamente desaparecidos (II)

Con la marcha de Tiller y Ahern acaba lo hasta entonces conocido como Full Throttle: Payback para dar paso a Full Throttle: Hell on Wheels, el proyecto que LucasArts sí hizo público, pero que finalmente acabó corriendo la misma suerte. Cabe pues destacar que no se trata de proyectos independientes, como reza la rumorología sobre el asunto, sino que más bien hubo una reestructuración del producto antes de meterse en harina con el desarrollo. Sean Clark se hizo con las riendas de Hell on Wheels tomando como base parte de lo decidido en la preproducción llevada a cabo meses antes, pero inclinándolo aún más al beat ’em up. Conviene por tanto aclarar que no hay que situar a Payback más allá del híbrido consolero ni a Hell on Wheels por encima de un simple juego de acción, con un rudo personaje de aventura como protagonista.

Full Throttle: Hell on Wheels

En Hell on Wheels los Polecat al completo con Ben a la cabeza tendrían que vérselas con otras bandas de lo más variopintas y con diferentes atuendos: desde émulos de Johnny Cash con imposibles tupés a ninjas de la carretera.

LucasArts hizo oficial el desarrollo del juego, y la reacción que el público aventurero (el público de Full Throttle) mostró fue casi gélida. No sólo no estaban dispuestos a gastar su dinero en un juego de acción sino que se sentían agraviados por el hecho de que la compañía intentase colárselo con ambigüedades en cuanto a su catalogación. El término «aventura de acción» nunca ha sido del agrado de los aficionados a la aventura gráfica y viniendo de LucasArts era poco menos que una hecatombe. Con todo, la secuela de las andanzas del bueno de Ben seguía adelante haciendo oídos sordos a las voces discordantes, quizás porque en el propio seno del desarrollo ya tenían sus propios problemas: «Tras mi marcha, Chris Miles se convirtió en el Director Artístico. Yo no seguí trabajando allí, pero lo que he oído era que el juego no estaba quedando muy bien porque Sean dejó que el diseñador principal dirigiera tanto el diseño del juego como la parte visual. Quizá por eso tenía tan mala pinta. Yo me quedé muy sorprendido del aspecto que tenía, de verdad. Chris es un animador excelente. Pero lo que salió de aquel proyecto, para mí, no parecía de un Full Throttle. Además, el estilo tenía una pinta más callejera, y le faltaban aquellos elementos que hicieron tan genial y único al primer Full Throttle».

Mientras el juego se iba perfilando, iban apareciendo en las revistas las primeras imágenes, las primeras capturas, y lo cierto es que a Tiller no le falta una pizca de razón: tenía muy mala pinta. Personajes cuadriculados, movimientos pétreos, pobres texturas, escenarios vacíos y un motor que no parecía salido de una de las grandes casas del videojuego. Así las cosas, ya no sólo era el aventurero el que no quedaría satisfecho, sino que todos los devotos a la medición de polígonos iban a hacer de aquello la comidilla de sus más feroces ensañamientos.

Full Throttle: Hell on Wheels

Como ya vimos en la primera parte, la clásica estética de choppers con grandes toberas contrastaba con otra clase de vehículos híbridos e incluso flotantes. El argumento de la secuela circundaba precisamente en el conflicto entre el clasicismo de las ruedas y el asfalto y el poco romanticismo de la modernidad y la tecnología.

Llegó el E3 y fue allí donde recibió el golpe de gracia. Se hizo público un vídeo (que podéis ver vosotros mismos más abajo) en el que se veía una muestra de lo que podía haber sido Hell on Wheels y no sólo no había nada de nuevo en ello, sino que la espectacularidad que prometía era nula, y el concepto parecía a simple vista un Double Dragon en tres dimensiones y con carreras en chopper. Incluso la prensa del videojuego, cuyo criterio como es bien sabido no se somete precisamente a los principios más honestos, se resistió a aceptar las bondades que este Full Throttle 2 decía tener: «Al parecer el juego estaba recibiendo malas calificaciones en los previews y no estaba teniendo buena aceptación, RTX Red Rock acababa de salir y había vendido muy poco y con malas críticas —confiesa Bill Tiller—, así que LucasArts decidió no sacar otro juego malo y lo canceló».

La empresa californiana, con la diplomacia debida y requerida, obvió el entrar en detalles comprometedores o escabrosos y por medio de un comunicado dijo lo siguiente: «No queremos defraudar a los muchos fans de Full Throttle, y esperamos que entiendan lo muy comprometidos que estamos en ofrecer la mejor calidad que nos sea posible en lo que a videojuegos se refiere». Curiosas palabras, firmadas por Simon Jeffery, aquél que dio la luz verde a un híbrido «consolero» con el nombre de la franquicia porque una aventura de PC no vendería lo suficiente.

Finalmente Full Throttle acabo en la cuneta, quizá un buen sitio para el motero Ben, a la espera de que a lo mejor en un futuro alguien repare como es debido su moto…

Podéis ver imágenes inéditas y exclusivas, así como otras ya conocidas, de Payback, imágenes de Hell on Wheels y más información de ambos títulos en sus respectivas fichas.

Agradecimientos y fuentes: Bill Tiller y The International House of Mojo.

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