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Aventuras de autor
Según manifestó Adams más de una vez (además de ser lo que más se publicitó de la aventura), se trataba de un hecho verídico, una anécdota personal del escritor —con numerosas partes de ficción, obviamente—. En el juego nos disponíamos a irnos de merecidas vacaciones a París en avión, pero una cosa nos lo impide en el último momento: el banco parece no darse por aludido de nuestro cambio de domicilio y a partir de ahí se inicia una serie de tribulaciones que harán que soltemos la carcajada en más de una ocasión, comenzando por el jocoso y mareante formulario que habremos de rellenar de forma aleatoria nada más cargar el juego.
La última obra computerizada del escritor se realizó en 1998, tres años antes de su reciente y triste fallecimiento. Starship Titanic volvía a ser una historia inédita, y exclusiva esta vez para PC. Lejos quedaban ya las aventuras de texto, pues nos encontrábamos ante una aventura en primera persona con gráficos pre-renderizados en la que asumíamos el papel de un anónimo ciudadano que se ve sorprendido una noche por un curioso accidente: la gigantesca nave espacial Starship Titanic, cuya tripulación está integrada por robots, se ha estrellado contra su casa. Debíamos entonces explorar todas las cubiertas buscando la causa de tal fatídico accidente.
La aventura volvía a contar con el agudo y surrealista humor del escritor, muy al estilo de La guía del autoestopista galáctico, pero esta vez no contó con el total apoyo de crítica y público, culpa de un interfaz que no había por dónde cogerlo y de un desarrollo algo retorcido.

El sonriente Orson Scott Card es uno de los escritores dedicados a la ciencia ficción más reputados del momento… Y como no, también ha puesto su granito de arena en la aventura gráfica: nada menos que The Dig.
Otro célebre escritor del género (de hecho y desde la aparición de Space Invaders, la ciencia ficción ha sido el tema más recurrente en toda la historia de los videojuegos), Orson Scott Card, autor de la serie de novelas Ender (El juego de Ender, Ender el Xenocida...) también se involucró en el creciente auge de los juegos de ordenador. Su trayectoria va ligada a la compañía LucasArts y una de las primeras colaboraciones fue en The Secret of Monkey Island, el escritor fue el que dio forma y vida a los célebres diálogos de la igualmente célebre lucha de insultos, proporcionando así un reperterio de frases chistosas que aún sigue vigente en la mente de los jugadores y en el corazoncito de los «lucas-yonkis» más «frikis». En 1996, tuvo una oportunidad más acorde con su especialidad y colaboró en el desarrollo de uno de los puntales de LucasArts: The Dig.
Aventura atípica dentro del estilo de la compañía, The Dig originariamente fue un esbozo de Steven Spielberg para un capítulo de Cuentos Asombrosos que finalmente, dado su desarrollo e historia, pensó que sería más factible desplazar al campo del videojuego (años más tarde pudimos ver en la pantalla Deep Impact, una producción del «Rey Midas de Hollywood» sospechosamente parecida al juego). El proyecto fue encargado a Noah Falstein (escritor de Indiana Jones and the Fate of Atlantis), reemplazado meses más tarde por Brian Moriarty (Loom, Trinity, Wishbringer), que estuvo alrededor de dos años dando forma a la trama, pasó por las manos de Dave Grossman (Day of the Tentacle, Full Throttle), para finalmente ir a parar a las de Sean Clark, colaborador habitual de la compañía en muchos de sus éxitos y artífice junto a Michael Stemmle de Sam and Max: Hit the Road.
Orson Scott Card se encargó de poner en boca del comandante Boston Low y su tripulación casi todos los diálogos de la aventura. El resultado, quitando algunos que otros comentarios «prescindibles», fue magnífico y dotó a los personajes de una personalidad idónea para que transmitieran la desolación de su destino.
El «merchandising» del juego contó, aparte de la edición en CD de la soberbia banda sonora, con una novelización de la historia a cargo de Alan Dean Foster, escritor de ciencia ficción cuya obra es oscurecida por las numerosas adaptaciones literarias de películas (ahí tenemos las de Alien, una historia paralela de Star Wars, etc...). Alan Dean Foster también cuenta en su currículo con la historia que sirvió para el guión de Star Trek: The Movie y una pequeña joya en forma de relato: El regalo de un hombre inútil, una original y conmovedora historia sobre un delincuente huido que al estrellarse su nave contra un lejano planeta y quedar totalmente tetrapléjico es considerado un dios por una microscópica raza de seres. Todo un relato de lectura obligatoria.
El revival de la ciencia ficción en los años 60, contó con «gurús» de la talla de Brian W. Aldiss (La nave estelar), Arthur C. Clarke (2001: Una odisea del espacio), Isaac Asimov (la trilogía Fundación), Robert A. Heinlein (Forastero en tierra extraña) o Harlan Ellison.
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